Teoría del Valor Público Mark Moore
La Teoría del Valor Público, desarrollada por Mark Moore, plantea que el propósito central de las organizaciones del sector público no es únicamente operar de manera eficiente, sino generar valor para la sociedad. Este valor no se limita a resultados tangibles, como infraestructura o servicios, sino que incluye beneficios sociales más amplios, como bienestar, confianza institucional, equidad y desarrollo colectivo. En este sentido, uno de los principales retos no es generar valor —porque muchas instituciones ya lo hacen—, sino hacerlo visible y comprensible. Cuando el valor público no se comunica adecuadamente, se produce una desconexión entre lo que la organización aporta y lo que la ciudadanía percibe. Esta brecha limita el reconocimiento, la confianza y la legitimidad institucional. Moore propone que el valor público se construye a partir de tres elementos clave: la legitimidad y el apoyo del entorno, la capacidad operativa de la organización y la claridad en el propósito público que se busca atender. Esto implica que una institución no solo debe hacer bien su trabajo, sino también ser comprendida y respaldada por los actores a los que sirve. Para un directivo, esta teoría implica asumir que parte de su función es traducir la operación en valor entendible. Las relaciones públicas, en este contexto, no son accesorias, sino el medio a través del cual el valor público se vuelve visible, relevante y socialmente reconocido. No se trata de “promocionar”, sino de hacer comprensible el impacto real de lo que se hace.
Teoría de la Legitimidad Mark Suchman
La Teoría de la Legitimidad, retomada en este contexto desde el enfoque de Mark Suchman, complementa la noción de valor público al señalar que el reconocimiento social de una institución depende de que sus acciones sean percibidas como apropiadas, justificadas y alineadas con los valores de la sociedad. La legitimidad no es inherente a la organización, sino que se construye a partir de la interpretación que hacen sus públicos. Esto introduce un elemento crítico para las relaciones públicas: la necesidad de construir sentido alrededor de lo que se hace. La legitimidad se fortalece cuando existe claridad, coherencia y transparencia en la manera en que se explica el impacto institucional. Por el contrario, la falta de narrativa o de visibilidad puede generar indiferencia o incluso desconfianza. En relación con el valor público, esta teoría permite entender que no basta con generar beneficios sociales si estos no son percibidos como tales. Una institución puede estar contribuyendo de manera significativa al desarrollo de su entorno, pero si sus acciones no son comprendidas o no se vinculan claramente con ese impacto, la legitimidad se debilita. Para un directivo, esta teoría refuerza la idea de que la gestión institucional no termina en la ejecución, sino en la forma en que esa ejecución es interpretada. La proyección del valor público es, en el fondo, un proceso de construcción de legitimidad. Las relaciones públicas permiten cerrar esa brecha, asegurando que lo que la institución hace no solo ocurra, sino que también sea comprendido, valorado y respaldado por la sociedad.